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Es un acto de gratitud por todo lo que Dios hace en nuestras vidas, además porque Él es el único de recibirla. Cuando alabamos a Dios le estamos dando el lugar que le corresponde, le estamos honrando y le estamos glorificando.
“Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de Él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que con agradecimiento reconocen, confiesan y glorifican su nombre.” (Hebreos 13.15)
Es un acto de entrega que establece una comunión íntima reconociendo la deidad de un Dios Sobrenatural.
“Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás.” (Lucas 4:8)
¡Todo lo que respira alabe al SEÑOR! ¡Aleluya!Salmos 150:6
Es atraer la presencia de Dios a través de la Adoración genuina impartiéndola en la congregación con el fin de ver la manifestación del Poder de Dios en: Sanidades, Liberación y sobre todo Salvación de las almas.